25 años de la Medalla de Oro "Hipólito Unanue"
Discurso del Dr. Alberto Hurtado, recipiendario de la Primera Medalla de Oro "Hipólito Unanue" 1977

Lima, 14 de enero de 1977

Señor Ministro de Salud Pública,
Señores Ejecutivos del Instituto
Hipólito Unanue,
Señores Autoridades Universitarias
e Institucionales,
Señores Profesionales y Colegas,
Señoras y Señores:

Grato y honroso es el encargo que he recibido para expresar en nombre de quienes hemos sido honrados con el otorgamiento del Premio Unanue, nuestro más sincero agra- decimiento y aprecio por este generoso homenaje. Este sentimiento se extiende al Instituto Hipólito Unanue, a sus Consejos Superior Consultivo y Directivo, miembros de los Jurados, y a las instituciones que en forma espontánea tuvieron a bien proponernos para recibir la alta distinción. Y también nuestro reconocimiento a las amables palabras del Dr. Esteban D. Rocca, estimado amigo y colega.

Y permitidme agregar un sentimiento personal. Y es mi profunda gratitud a muchos jóvenes profesionales y estudiantes, que en el correr de varias décadas me brindaron el calor de su amistad y colaboración, haciendo posible realizar una obra que, aunque modesta, ha contribuido en cierta medida, a un mejor conocimiento de nuestra realidad nacional. Es por esto que considero este premio como un reconocimiento no a una labor estrictamente personal, sino de escuela, equipo y colaboración.

Y es propicia la oportunidad para rendir un público tributo de respeto y agradecimiento al Instituto Hipólito Unanue. Su labor altruista de ayuda a la educación médica, y especialmente a la investigación científica, es importante y fundamental y quizás única en el país por sus características especiales.

Dr. Alberto Huratdo, Educador Médico

Es evidente que en el Perú, a pesar de que en el pasado, y en el presente, se han realizado y realizan esfuerzos aislados y meritorios, la investigación médica no ha alcanzado el nivel que le corresponde.
Aparte de limitaciones económicas, varias son, a nuestro juicio, las causas de este hecho. Mencionamos algunas de ellas. Dentro del acelerado y muy conveniente desarrollo social ocurrido en nuestro país en los últimos tiempos, con frecuencia se le exige a la Universidad atender la urgente necesidad de preparación educativa de grandes masas de jóvenes ciudadanos, y resolver de inmediato las múltiples demandas de una sociedad cambiante. No hay duda de que estas son importantes e ineludibles funciones de la institución universitaria, pero no tienen carácter irrestricto ni tampoco son las únicas.

La Universidad debe transmitir y crear cultura, y para tal efecto tiene la obligación de conservar, en la medida posible, una calidad de jerarquía y excelencia en sus cuadros docentes, en su capacidad de enseñanza y métodos, y mantener y alentar centros de investigación que faciliten la formación de jóvenes atraídos a esta disciplina. Debemos siempre recordar una frase del eminente arqueólogo peruano, Julio C. Tello, quién en una de sus obras escribe: “Una Universidad que no investiga, es una universidad muerta”.

Y en los países que luchan por un adecuado desarrollo esta acción es aún más urgente e importante.

Un estudio aún superficial de las naciones más adelantadas, y con mayor grado de cultura general y nivel técnico revela, sin lugar a dudas, que su tecnología, capacidad productiva y condición social y de salud de sus habitantes, siempre está asociada a un sistema universitario eficiente, científico, creador y estimulante. Citaremos una opinión de Houssay, el ilustre hombre de ciencia argentino: “Los grandes adelantos que han revolucionado y mejorado la vida social se deben únicamente a los descubrimientos de los investigadores. Citaremos la electricidad, los motores de vapor o a explosión, la sanidad, los medios de transporte y comunicación, la producción agrícola e industrial, etc.,”.

Otro error frecuente es exigir la realización de una labor investigadora cuyos resultados puedan ser aplicados de inmediato. En realidad no hay una línea divisora definida entre la investigación denominada pura o teórica y la aplicada. La mayoría de los grandes descubrimientos médicos han sido el fruto de un trabajo y estudio que en su inicio aparentaban ser intranscendentes y sin valor.

Creemos también que la verdadera labor científica es la búsqueda del conocimiento y la verdad, respetando la originalidad personal y la libertad de pensamiento, expresión y crítica. No se deben establecer, a nuestro juicio, organismos controladores que pretendan establecer e impartir normas de investigación dirigida que despojan al investigador de lo que le es más caro y halagador, o sea hallar una respuesta a una inquietud y curiosidad personal, planificando el camino a seguir para hallarla, con libre juego de su inteligencia, imaginación y conocimientos que posee.

Es muy grato poder afirmar que la obra del Instituto Hipólito Unanue, de aliento y apoyo a la educación e investigación médica, está normada por los principios que muy brevemente hemos enumerado.

Para terminar, y con la experiencia de una larga carrera universitaria, ya en sus etapas finales, hacemos votos porque continúe y se apoye al estudio de nuestra realidad nacional. El Perú, por fortuna, ofrece una valiosa oportunidad para estas investigaciones. Su geografía es de contrastes, variada y agresiva; su población ofrece diversos matices en raza, cultura y organización social, y en una considerable proporción presenta características especiales en su fisiología y morfología corporal que le permiten tolerar admirablemente las condiciones adversas de un ambiente elevado, o de un riguroso clima tropical.

Reiteramos nuestro agradecimiento, y damos las gracias a los colegas, amigos y familiares que nos acompañan en esta ceremonia, y de manera especial al Sr. Ministro que amablemente la preside.

Muchas gracias.