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Trastorno de Estrés Post-Traumático: manejo y consecuencias médicas y psicosociales a nivel de atención primaria de salud Alberto Perales Cabrera (1)
Concepto El Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT) se desarrolla en el ser humano que ha vivido un episodio dramático intenso (trauma). Esto puede ocurrirle durante un conflicto armado, como víctima de secuestro, tortura o violación, o haber sido testigo de la muerte violenta de un ser querido, haber sufrido amenaza de muerte o de serio daño a su integridad física, ya sea en forma individual (asalto, violencia familiar) o colectiva (desastres). El trastorno se inicia luego de la experiencia del trauma y un período de latencia que varía desde unas pocas semanas hasta seis meses. Como respuesta al trauma, la persona queda sensibilizada y puede experimentar cambios en sus sentimientos, pensamientos y forma de comportarse. Muchos pacientes se sienten enfadados, culpables e incluso avergonzados por lo ocurrido o se acusan de cosas que hicieron o no hicieron para sobrevivir. Tales autoacusaciones, usualmente exageradas y no fundamentadas realistamente, pueden provocar sentimientos de desánimo, desconfianza y desesperanza en la vida futura y facilitar depresiones. Datos epidemiológicos El Instituto Especializado de Salud Mental “Honorio Delgado-Hideyo Noguchi” realizó tres estudios epidemiológicos de salud mental en diversas regiones del país. Respecto al TEPT informó, en Lima Metropolitana (2002), una prevalencia de vida (concepto epidemiológico que significa que el trastorno ha estado presente en algún momento de la vida del paciente, a diferencia de la prevalencia puntual, que alude a la presencia del trastorno en el período en que se realiza el estudio epidemiológico) de 6%, mayor en mujeres, 8%, que en varones, 3.8% (3). Con la misma metodología, aplicada a poblaciones de la sierra del país, (Ayacucho, Cajamarca y Huaraz, 2003) encuentra 12.8% global, con 9.7% en varones y 15.8% en mujeres (4). Y, en poblaciones de la selva, (Iquitos, Tarapoto y Pucallpa, 2004), 8.9% global con 6.7% en varones y 10.9% en mujeres (5). En resumen, la prevalencia de vida más elevada de TEPT se encuentra en población de la sierra, seguida por la de la selva y de la costa. Conviene recordar, sin embargo, que los promedios siempre obscurecen la importancia de los datos puntuales pues, en Ayacucho, Pedersen y col. encuentran síntomas compatibles con diagnóstico de TEPT en 24.8% de la población alto-andina (6). Para apreciar la importancia clínica del trastorno podemos comparar los resultados nacionales con las prevalencias de vida obtenidas, en poblaciones generales, en tiempo de paz, en diversos estudios internacionales. Tales porcentajes fluctúan entre 3-6%. Por otro lado, para apreciar la extensión e importancia futura de este problema, debemos señalar que estimaciones de expertos consideran que de acuerdo a las características de nuestros actuales conflictos sociales, alrededor de un 1/3 de la población general será expuesta a experiencia traumática severa en algún momento de su vida y, de esta población expuesta, entre el 10 -20% habrá de desarrollar TEPT (7). Estudios en poblaciones altamente expuestas han dado cifras mayores, por ejemplo, Mollica R. encontró en refugiados camboyanos (con experiencia de terrorismo de Estado) 37% de TEPT (8). Tipos de eventos traumáticos. Los eventos traumáticos son ocurrencias inesperadas e incontrolables que amenazan en forma intensa el sentimiento de seguridad y la auto-confianza del individuo desencadenando intensas reacciones de temor hacia el entorno, dejándole una marcada sensación de vulnerabilidad. Ejemplos de este tipo de situaciones son: •Desastres naturales (terremotos, inundaciones, huaycos que arrasan ciudades, como ocurrió en 1970 en Yungay, erupciones volcánicas, etc). De los estudios de Línea Base realizados por nuestro equipo de investigación del Programa Permanente de Capacitación para la Atención Integral de las Víctimas de la Violencia, de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (9), hemos extraído el siguiente caso clínico, que con modificación de aquellos datos que pudieran identificar a la persona afectada, exponemos a continuación con propósitos didácticos: I. Historia clínica. N.N. Varón, 64 años, católico, secundaria completa, natural de la sierra sur del Perú. Migró a otra ciudad, capital de provincia, en 1995, al ser perseguido por los terroristas. Víctima del terrorismo (Z65.4).Trastorno de Estrés Post Traumático (F43.1) Crónico con síntomas depresivos. Los síntomas cardinales del TEPT Los agrupamos en tres grandes bloques: 1° Re-experimentación del evento traumático •Flashbacks: Recuerdos súbitos e involuntarios de la experiencia traumática que se presentan como si volvieran a vivir el trauma, acompañados de angustia y/o temor. •Pesadillas. Con imágenes asociadas al trauma o a situaciones de terror. Hay frecuente despertar ansioso y sensación de que el sueño no ofrece el descanso reparador esperado. •Reacciones físicas y emocionales desproporcionadas ante acontecimientos asociados o similares a la situación traumática. 2° Activación autonómica •Insomnio o sueño interrumpido. •Hipervigilancia: (Elevación del nivel de alerta) descrita como estar muy atento a lo que ocurre o con “las antenas paradas”. •Dificultad de concentración. •Irritabilidad, impulsividad, agresividad, con frecuencia traducida en actos de violencia verbal o física contra la/el cónyuge, los hijos, familiares o personal dependiente. 3° Conductas de evitamiento y bloqueo emocional •Tendencia a la conducta de evitamiento, con huída o rechazo de sujetos, situaciones, lugares, pensamientos, sensaciones o conversaciones vinculados al evento traumático. •Embotamiento emocional, con sensación de que “se existe pero no se vive” (anestesia emocional). •Aislamiento social, con alejamiento de personas o amistades queridas. •Depresión. Con disminución de la autoestima, tristeza o anhedonia (incapacidad de sentir placer), dificultad de concentración y síntomas vegetativos. •Conducta violenta diversa, particularmente en el entorno familiar, con autoacusaciones y culpa posterior. •Abuso o dependencia de alcohol y/o drogas. Suelen tener un efecto tranquilizador inmediato pero, gradualmente, van insertándose como patología adicional disminuyendo las posibilidades de recuperación y extendiendo el sufrimiento a todo el grupo familiar. •Riesgo suicida, que siempre debe evaluarse con preguntas adecuadas pues los pacientes pueden, en los casos de mayor gravedad, presentar ideación y conducta suicida recurrentes. •Cambio de personalidad, con permanencia de por vida de rasgos de carácter que el paciente nunca tuvo antes de la emergencia del trastorno. Consecuencias 3. Patología Familiar. Como se observa en el caso que hemos presentado, la emergencia de conductas violentas en el afectado ejerce influencia nociva en el medio familiar, convirtiéndose en agente de violencia doméstica y de patología psiquiátrica diversa en los descendientes. En nuestros estudios de línea Base del Proyecto de Violencia de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, el 50% de los hijos de las víctimas presentaron manifestaciones compatibles con probable trastorno psiquiátrico (15). 4. Síndrome de “Burn-out” en el personal de salud. Una consecuencia, usualmente no mencionada en los estudios sobre este trastorno, es el riesgo que su atención impone al personal de Salud; vale decir, que desarrollen el Síndrome de “Burn-Out” (Síndrome de agotamiento profesional) por las exigencias emocionales que plantea. Tal síndrome, que se instala en el personal de manera gradual e insidiosa, se caracteriza por extenuación física y mental, indiferencia, sensación de fracaso como profesional y como persona y el sentimiento de “estar muerto por dentro” (16). Solicitar a un personal de salud que atienda este tipo de casos sin el debido entrenamiento en su manejo no sólo es imprudente sino negligente del cuidado de su salud mental. Justamente, para contribuir a la solución de tal problema se ha creado el Programa Permanente de Capacitación del Personal Profesional de Salud para la Atención Integral de Salud de las Víctimas de la Violencia, de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Curso y pronóstico El curso del trastorno es fluctuante aunque, de recibir tratamiento especializado oportuno, puede esperarse la recuperación de un buen porcentaje de casos. El mayor problema corresponde a lo tardío de la referencia a la consulta especializada. En términos generales se sabe que una proporción (no determinada en el Perú) evoluciona a un curso crónico de largos años de padecimiento y/o hacia una transformación persistente de la personalidad. No existe tratamiento específico para el TEPT; sin embargo, la investigación psiquiátrica ha aportado esquemas de tratamiento útiles aunque hay un porcentaje de casos que no responden adecuadamente (¿lesiones neurobiológicas ya establecidas?) El consenso especializado recomienda lo siguiente: 1. Establecer una sólida relación emocional profesional de salud-paciente que debe extenderse, en lo posible, a la familia. 2. Enfoque farmacológico: Los fármacos que han demostrado mayor efectividad son los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (7). Las dosis diarias, internacionalmente recomendadas, son: -Fluoxetina, 40 mg. Las benzodiazapinas habituales se consideran de poca eficacia. El clonazepán, en dosis de 1-6 mg, es de utilidad. Según el tipo de complicaciones que se presenten y las características específicas del cuadro clínico, pueden utilizarse, además, moduladores del ánimo y antipsicóticos en pequeñas dosis. 3. Psicoterapia de Apoyo Se debe utilizar, fundamentalmente, para fortalecer la relación emocional médico-paciente, para permitir la catarsis sobre la experiencia traumática y para reforzar la capacidad de análisis y visualizar perspectivas futuras (17). 4. Psicoterapia cognitivo - conductual Técnica de intervención breve y de bajo costo. Plantea que las distorsiones del pensamiento vinculadas al trauma generan gran parte de la sintomatología. La corrección de las mismas interrumpe la patogénesis sintomática y reestablece el equilibrio psicológico (18). 5. Manejo familiar La familia está siempre comprometida y sufriendo las dificultades del paciente. El papel del profesional es facilitar un canal catártico, brindarle información complementaria y permitirle plantear las preguntas que estimen convenientes para calmar sus incertidumbres y angustias. Antes que cualquier medicación, reiteramos la importancia de establecer una buena relación profesional de salud-paciente, como eje fundamental de cualquier esquema terapéutico, relación que habrá de extenderse como tarea indispensable al adecuado manejo de la familia. En cuanto al tratamiento farmacológico, es de lamentar que el armamentarium terapéutico de los Centros de Atención Primaria de Salud suelan ser insuficientes. Realistamente, sólo puede esperarse contar con los siguientes fármacos: alprazolan, clonazepan, fluoxetina y amitriptilina. Las dos primeras pueden ser administradas, bajo prescripción médica, en dosis de 0.5 mg, que puede incrementarse gradualmente hasta llegar a 3.0 mg/d; la segunda (fluoxetina) administrarse 20 mg/d. La amitriptilina, 25 mg/d, que se puede aumentar gradualmente hasta alcanzar 75 mg/d. El uso de fármacos requiere participación y control médicos. Otros medicamentos y mayores dosis son de uso del especialista. Como comentario agregado, señalaremos la repetida observación de psiquiatras peruanos en pacientes del interior del país, de respuesta favorable a dosis menores de medicación que las propuestas por consenso internacional; y el problema que muestran las víctimas de la violencia para desarrollar conductas de búsqueda de ayuda (19). Terapias complementarias Bajo este concepto, y pensado en la realidad de pobreza en la que trabajan la mayoría de nuestros Centros de Atención Primaria, se considera un conjunto de métodos, técnicas, filosofías y procedimientos, con mayor o menor apoyo científico, pero culturalmente arraigados y de beneficio. Entre ellas citamos: las técnicas de relajación, el ejercicio físico -particularmente aquél que causa placer- y el tratamiento nutricional dietético. Por todo lo expuesto, debemos insistir en que, ante estos casos, el personal de Atención Primaria de Salud debe siempre evaluar, de manera responsable, la posibilidad y conveniencia de la oportuna referencia del paciente. Dos preguntas debe contestar el profesional de Atención Primaria de Salud antes de emprender el tratamiento de un caso de TEPT. La primera es si “él o ella está genuinamente motivado/a para ayudar al paciente”. ¿Si siente reales deseos de hacerlo? A esto se llama, parafraseando al profesor Carlos Alberto Seguín, “Eros terapéutico”. De no existir, es mejor que lo refiera al hospital más cercano. La segunda es si está convenientemente capacitado para la tarea. En cuanto a los criterios clínicos para decidir la referencia a un nivel de atención de mayor complejidad, citamos, en forma práctica, los siguientes: 2. ¿Dispone el Centro de la medicación adecuada para estos casos? De no ser así debe referirse. 3. ¿Hay complicaciones serias? por ejemplo, intento de suicidio, depresión severa, o raptos de violencia. Estos casos deben transferirse. Finalmente, si la transferencia no fuera logísticamente fácil, se puede intentar un tratamiento de prueba de 6 semanas utilizando las recomendaciones terapéuticas señaladas; y, si al cabo de dicho período no se observara mejoría, debe procederse a referirlo, previa aceptación del paciente mediante Consentimiento Informado. Muy lejos estamos de pensar que con lo expuesto la atención de las víctimas de la violencia en el Perú, afectas de TEPT, está resuelta. El problema es de difícil solución, no sólo desde el punto de vista médico, sino, particularmente, por la pobre motivación que muestran las autoridades al respecto, evidenciada en los escasos recursos asignados para su asistencia La investigación científica en este campo es absolutamente necesaria, pero debe cumplir con todos los requisitos éticos que actualmente se exige a la investigación científica. En este sentido, tres puntos deben ser tomados particularmente en cuenta en personas afectas de TEPT: 1) El sufrimiento humano que habrá de reactivarse en el sujeto al hacerle recordar sus experiencias traumáticas; 2) La posibilidad de crearle falsas expectativas sobre un tratamiento exitoso, especialmente cuando no existen las condiciones adecuadas ni los recursos económicos necesarios para ello; 3) Ponerlo en manos de personal insuficientemente preparado con riesgo de incrementar no sólo su padecimiento sino afectar la salud mental del propio personal. Por todo ello, por imperativo ético y científico, urge corregir este error. El proyecto de la UNMSM se orienta a esa aspiración.
1 Profesor Principal de Psiquiatría. Miembro del Programa Permanente de Formación y Capacitación de Recursos Humanos para la Atención Integral de las Víctimas de la Violencia, Facultad de Medicina, Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Director del Instituto de Ética en Salud, Facultad de Medicina (UNMSM). |
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